Glitter and Doom ( La E de PEHDTSCKJMBA )

Goin’ Out West.
-Good day, officer.
El cruce a pié de la frontera mexicoamericana. Observando con cuidado mi pasaporte y visa, el oficial de los US Customs hace las preguntas de rigor en chicano:
-¿Ónde va hoy? ¿Qué lleva?
-Voy a un concierto. No llevo nada
-¿Va al teatro Plaza?
-Sí, a ver a Tom Waits.
El rostro inexpresivo del oficial cambia, me entrega mis documentos casi sonriendo. Pienso que cuando termine su turno, el US Custom se vestirá de civil y también irá al concierto en la noche.

Lucky Day.
Ya en el Downtown de El Paso, nos citamos en The Tap para comer y beber. Como viejos brawlers amigos que se reúnen desde puntos distantes, discutimos durante horas sobre letras, cine y otras tantas otras cosas inútiles sin las cuáles no podemos vivir.
-¿Qué?,,,¿Fuga?- alguien dice en chihuahuense.
-¡Fuga!- contestamos, todos con acentos distintos.

All the World is Green.
Veinte cuadras entre el bar y el antiguo teatro con la panza llena de cerveza. En la fila para entrar hay brawlers que vienen desde puntos aún más distantes. Una pareja de alemanes en shorts al lado de un grupo de ingleses ebrios; desde el lobby surge el estruendo de una carcajada en italiano. Pasamos con impaciencia a nuestros lugares, todos en el teatro llevamos una sonrisilla infantil pintada en la cara. Desde mi asiento imagino descubrir al oficial de los US customs caminando hacia su asiento de la mano con Lucinda, una esposa rubia, gorda y texana.

Such a Scream.
Llega la oscuridad y unas siluetas que se deslizan entre el escenario. Gritos de júbilo saludan a la gira del Destello y la Condena. Un Good Evening! en gruñidos resuena desde las tinieblas. Frente al micrófono aparece Tom Waits con su conocida cara de simio pálido; lleva puesto un bombín y permanece agachado como un jorobado.

Way down in the Hole.
El escenario es un tambor gigante. Tom percute fuertemente el relieve en el piso con la planta del pie. Cada vez que zapatea salen expulsadas nubecillas de polvo dorado que se disuelven entre las guitarras. A través de la poesía polvorienta y las orquestaciones que rechinan, se puede vivir las veces en que alguna mujer le destrozó el corazón, se puede sentir cuando perdió o ganó todo en la última mano de póker. Waits agita los brazos pidiendo a los músicos intensidad o pausas, es un director de orquesta que se mueve como el monstruo de Frankenstein. Es imposible no imaginarlo como dentro de sus canciones. Frank..s Wild Years. Buscando la puerta de un destartalado motelito donde hospedarse; caminando ciego de borracho entre los callejones de algún oscuro Downtown.

Hoist that rag.
El músico cantante solo frente al piano, todos nos sentimos como huéspedes en su casa. De pronto un oficial de policía nervioso aparece en el escenario.
-I paid all those tickets, officer
-Good evening sir!-
– She was dead when I got there!- replica Mr Waits
Risas y desconcierto. Una mujer en vestido negro elegante aparece tras el policía. El músico de bombín tras el piano observa la escena inmóvil. Ruborizada, la mujer se aproxima con lentitud hacia el hombre.
-Mr. Waits,,, in the name of the city of EL Paso I give you the Key to the City- dice la mujer en texano
-This is a first for me, a real first.- responde el compositor emocionado.
Entre aplausos y risas, Tom toma la placa dorada con la enorme llave que le entregan. Balbucea un agradecimiento.
-Uhm…Apparently this fits every lock in El Paso…
La mujer y el policía ríen junto con todo el teatro.
-…If you find me in your living room in my underwear, we have an understanding.

Make it Rain.
Poesía polvorienta. El carnaval musical prosigue. Waits se convierte en un reverendo macabro que canta gospel, salta y zapatea inundando el escenario con más nubecillas de polvo dorado. Pieza tras pieza, lo vemos en catársis con los músicos, juntos tocan en un viaje divertido entre los espejos rotos de la naturaleza humana. Un cínico con mucho corazón. Un bluesero del Missisipi que no teme ser un romántico. Su generosidad musical y el virtuosismo de su banda, nos trasforman esa noche en sujetos que se sienten evolucionados. Después de dos horas y veinte canciones destartaladas, la orquesta de rechinidos termina. De regreso a la frontera vamos cargando una sonrisa. La explanada del Plaza Theatre. Sólo un grupo de brawlers gringos y mexicanos. Discutiendo con pasión y cervezas sobre la música, el alma.

Anuncios

About this entry