Corredor Vespertino

El trabajador percutía las teclas, mecánico, abstraído. Sentía placer y también sentía nostalgia. Al lograr hacer un par de trucos sobre la pantalla dejó de teclear, apoyó los brazos sobre la nuca y se alejó del escritorio. Su mirada se dirigía más allá del monitor. Estiró la espalda.
Se puso de pié. La densidad de los nubarrones y el sol oculto llamaron la atención del trabajador dedicado, que tiró del freno de mano y se calzó los zapatos tenis.
Fue pasando entre masas calientes de autos, veloz al lado de casas grises y colinas míseras. Mientras pensaba en los árboles exaltados por gotas de luz, llegó. Sus pasos se internaron en la penumbra. Una vereda oscura; una silueta entre las ramas. El trabajador fugitivo de improviso jaló la respiración y pidió un deseo a la música. En el exterior total, pensó en todo y pensó en nada. La chica sonriente. Los gatos salvajes. La soledad y su refugio. La memoria del trabajador corredor como un ejército de hormigas al borde del camino. Un perro lo miró pasar flotando.
Fuera del bosque, la noche le tendió la mano. Limpiándose el sudor, el corredor caminó con timidez entre las casas iluminadas. Regresó con lentitud a la frontera urbana. En la mañana volvería a ser un abstraído que percute teclas, el trabajador intentando ejecutar un par de trucos sobre la ventana.

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